Tengo miedo al cáncer

El cáncer es una mierda. Tiene mil y una formas distintas, cada una con sus probabilidades y su medicación. Y hay mil y una historias a nuestro alrededor. Un montón de luchadores y valientes invisibles.

No lo busques en Google.

Cuando Keka enfermó hace ya 14 años, se oía mucho menos. Cada vez se ha ido haciendo más común oír hablar de cáncer. Creo que somos más sensibles a ello y hay más pruebas para detectarlo a tiempo. Quizás somos “demasiado” sensibles porque al mínimo síntoma que buscas en Google todo suele ser cáncer.

El inicio de este tipo de enfermedades, porque lo que llamamos cáncer engloba un montón de patologías distintas, puede ser muy variado. Quizás notemos pequeñas que pueden confundirse con enfermedades comunes como la anemia o un resfriado.

Otras veces no nos daremos cuenta hasta que la enfermedad haya avanzado suficiente y nos demos un susto.

El miedo no ayuda a defenderse de la enfermedad, solo a vivir con más angustia.

Descubriendo el cáncer.

Quizás influyó que en aquel entonces yo tenía 18 años y pensaba que estas cosas no le pasaban a la gente normal como nosotros. Que mi hermana pequeña tuviera cáncer de repente no era algo que estuviera en mis “planes” de vida (¡Ja!).

En aquel entonces se oía mucho menos, sobretodo en las noticias, y en personas que habían fallecido. Daba miedo desde el principio. Porque no sabías diferenciar algo más grave de algo con potencial cura.

Keka tenía un Linfoma No Hodking de celulas grandes tipo T, son relativamente raros. En personas jóvenes, en una adolescente incipiente como era ella, son más agresivos. Están en un momento de crecimiento importante y eso a las células les viene de perlas.

El tratamiento empezó muy rápido, y en principio nos dijeron que había muchas probabilidades de que se curase.

Tratando el cáncer.

El tratamiento por lo general es agresivo, invalida mucho al paciente. Necesita que otras personas le presten ayuda. Y eso a cualquiera no le gusta nada. Quizás que te cuiden de más una temporada no está mal. Pero ver que el cuerpo no responde preocupa.

El sábado pasado en el evento #TucuentasSalud que hizo Novartis junto con #TucuentasSalud Javier Malpesaz nos hablaba de los ensayos clínicos:

Tuve dos grandes satisfacciones durante su charla, la primer fue esta perla que dijo, que me hace sentirme tremendamente orgullosa:

Gracias. A todas esas personas que se dedican a investigar para mejorar la calidad de vida y las probabilidades de supervivencia de estos pacientes.

 

Sobreviviendo al miedo al cáncer.

La segunda satisfacción fue cuando sacó las fotos de una niña, paciente de un linfoma similar al de mi hermana, que se había curado con un tratamiento experimental suyo y ya llevaba 5 años sin cáncer.

No tengo fotos de esa diapositiva, porque me emocioné mucho y no pude más que mirar a este hombre intentando que mi emoción por la noticia que me acababa de dar le llegara, de corazón a corazón.

El cáncer de mi hermana tiene ahora nuevos fármacos que funcionan.
Que curan.

Ella no tendrá la oportunidad de conocerlos, o usarlos. Pero muchas otras personas si. Y quiero pensar que cuando ella decidió donar su cuerpo a la ciencia. Ayudó un poquito a que esto ocuriera.

El miedo no te ayuda.

Lo reconozco, una parte de mi cerebro tiene plena dedicación a que sienta miedo por cosas que puedan pasarle a Loki. Y sé que eso no es nada útil, que no me hace bien y que es absurdo. De momento lo voy gestionando dándole espacio a la razón por encima del miedo.

Pero a veces, cuando le noto le noto decaído o sube la fiebre y no se por qué me da miedo.

Un miedo del que no creo que me deshaga nunca.
Un miedo que seguro muchas madres entenderán.