¿Que van a pensar de mi?

Tanto en el mundo virtual como en el mundo real es habitual encontrarse con personas que dicen ser muy sinceras y honestas. Que dicen lo que piensan, no se callan.

Admiro muchísimo a esas personas porque yo no soy así y me gustaría serlo. Creo que es algo positivo.

Lo siento pero no digo todo lo que pienso. Ni siquiera aquí que es un blog que no lee mucha gente y que no saben quien es la persona que está detrás. Callo mucho y sobretodo lo hago por miedo. Miedo a las represalias y al qué dirán. A hacer daño a los demás con lo que digo.

Pensar las cosas es importante.

Antes de publicar cada post lo leo y releo varias veces. A veces lo leo en voz alta, poniendo énfasis para ver si lo que estoy diciendo puede ser malinterpretado o si inconscientemente estoy diciendo algo que no está bien. Hay normas, no debería

  • escribir sobre algo de lo que no sé, como si supiera.
  • recomendar algo que no he probado.
  • aconsejar a los demás hacer algo que yo no haría.
  • juzgar a las personas que hacen algo distinto.
  • contar cosas de otros, sin su permiso.
  • hablar sobre alguien sin ser capaz de tener esa conversación con la persona en concreto.

Tengo claro que este es mi blog y me lo follo cuando quiera. Hablaré de lo que me de la gana y borraré comentarios si me apetece. Pero siguiendo esas normas, que me he impuesto yo.

Siempre he pensado que las palabras son muy poderosas y no les reconocemos el valor que tienen… Quizás es que yo soy muy sensible y les doy más significado del que tienen realmente.

Cada cosa que decimos resuena en los demás. De formas distintas, porque cada uno lo integra según su estado de ánimo y sus vivencias.

Somos responsables de lo que vertimos en el mundo.

Cuidado con pensar demasiado.

Escribo cosas o tengo conversaciones y luego las vuelvo a escuchar en mi cabeza. Pienso si habré dicho lo correcto, si habré sido inadecuada. Quizás la he cagado y he dado un mal consejo.

Cuando alguien me pide una opinión o un consejo soy muy cuidadosa. Deformación profesional supongo. No me dediqué a la psicología clínica porque me angustiaba tener la vida de los demás en mis manos. Ser capaz de influenciar tomas de decisiones que luego yo no tenía que vivir.

Años después de la carrera, en otro entorno formativo entendí que estaba poniendo en mi toda la responsabilidad del proceso. Y no es así. Cada uno es responsable de las decisiones que toma. Decidir si informarte más, cuando dejar de preguntar. Dejar una elección a una moneda.

No soy responsable de lo que pienses.

Si tengo unas “normas” para escribir aquí, para dar mi opinión o un consejo, es porque tengo unos valores. Los que creo que son importantes, me definen  con los que me siento cómoda.

No pido que todo el mundo tenga mis valores, aunque sería muy cómodo. Tampoco espero que entiendan por qué los ordeno de cierta manera.

Si escribo o digo algo que hace daño, dímelo.

Tal vez es un malentendido, quizás no me di cuenta o a lo mejor para mi algo es completamente blanco o negro… y resulta que tiene grises.

Y… aunque me preocupa el qué dirán y hay muchas cosas que hago o dejo de hacer por los demás… no soy responsable por ellos. No vivo sus vidas, vivo la mía.

30 años me ha costado aprender esto