No puedes controlar las emociones.

Lo lamento, no se pueden controlar las emociones. Sé que es una mala noticia porque todos querríamos poder hacerlo. Justo lo que hace a las emociones serlo es esa parte de descontrol.

¿Qué son las emociones?

Según la RAE una emoción es:

Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.

Para mi gusto en la definición le falta la palabra involuntaria ya que las alteraciones que se producen no las podemos forzar. Estas alteraciones se producen a varios niveles:

  • Fisiológico: hay cambios en el cuerpo: respiramos más rápido, se producen hormonas…
  • Cognitivo: desde nuestro punto de vista subjetivo procesamos la información de una forma determinada.
  • Conductual: hacemos algún tipo de gesto con la cara, podemos iniciar un movimiento o quedarnos congelados.

Todos estos cambios que se producen pueden generar unas consecuencias que valoremos como positivas o negativas (incluso la sensación de placer varía de una persona a otra). No necesariamente tiene que significar siempre lo mismo ya que hay personas que por ejemplo se divierten con la emoción del miedo y otros no la toleran nada bien.

¿Qué puedo hacer?

Lo que si podemos hacer frente a las emociones es gestionarlas. Una vez sabemos que nuestro cuerpo reacciona de una forma determinada ante algo es más fácil. Para eso te propongo:

  • Conocerte mejor: lleva un registro de estas emociones y qué sucede antes.
  • Aceptarte: quizás descubras cosas que no te gustan.
  • Tener actitud positiva: es difícil gestionar las emociones, pero no imposible.
  • Liberar tensiones: el deporte nos ayuda a gestionar mejor y alcanzar equilibrio.
  • Escuchar de forma activa: quizás los demás tengan la clave que te falta.

Estas son algunas de las claves que te pueden ayudar a mejorar tu gestión de emociones. Ser capaz de conocer qué detonantes nos llevan a un estado concreto, saber que ese estado va a terminarse, no agobiarse por sentirse de una u otra manera, evitar la sobrecarga y aprender de los demás.

¿Y con los peques?

Con los más peques de la casa se pueden seguir las mismas claves pero guiándolos.

  • Poner nombre: preguntarles qué sienten los 3 niveles y darle un nombre a esa emoción o sentimiento.
  • Devolverle las sensaciones: reformular lo que nos cuentan en otra persona o nosotros mismos para que lo vean desde otra perspectiva.
  • Ayudarles a aceptar las emociones: explicarles que es un estado pasajero.

En muchas ocasiones estos pasos que debemos hacer con los más pequeños de la casa para que puedan gestionar sus emociones nos serán igualmente útiles con adultos. Y en el caso de algunos niños puede que tengan la inteligencia emocional lo suficientemente desarrollada para gestionarse como adultos.

Para saber cómo abordar la situación lo mejor es empezar desde lo básico.