¿Cómo es vivir con ansiedad?

Cada persona con ansiedad es un mundo. Podemos tener todos síntomas similares en diferentes intensidades y momentos. Por motivos completamente opuestos. Y seguirá siendo igual de mierda vivir con ansiedad.

De menos a más…

Así ha ido mi ansiedad. Jugando a enseñarme como funciona con cosas pequeñitas y controlables pero ataques grandes y muy visibles.

Desde un viaje a la playa a montar en metro, cosas pequeñas y evitables que desencadenaban horas o días de malestar.

Pero se iba.

El malestar me acababa abandonando en algún momento y volvía a ser yo. Con miedo a que ocurriera de nuevo, pero yo.

Poco a poco sin darme cuenta se han ido cambiando las tornas. Pensaba que iba ganando porque podía montar en metro sin que me diera una pataleta de me muero (conocido como ataque de pánico).

Pero estaba ganando ella, se estaba expandiendo mas allá del metro. A las situaciones sociales en las que no hay un guión. A las llamadas telefónicas con desconocidos. Y a mi nuevo y brillante trabajo.

Las ordenes incesantes por parte de los jefes, que parecen no tener fin y que cuando has acabado se deshacen y vuelves a estar no en el principio sino peor porque has gastado ya recursos y energía en llegar a donde estabas y ahora estas a medio fuelle.

El miedo a cagarla. Despistes pequeños, un fallo al guardar un excel, una confusión de detalles en una llamada. Todo suma a ese runrun de me van a despedir en cualquier momento porque no valgo suficiente.

Porque estoy rota y no funciono bien.

Harta de vivir con ansiedad

Últimamente casi podría decirse que desvivo con ansiedad. No es una convivencia. Es un parásito que me chupa toda la energía y me pone zancadillas constantes cada vez que quiero ir a la liga de los normales.

De repente parece que todo es peligroso hasta el punto de que la diarrea y las náuseas me acompañan día tras día. Que no puedo hacer tareas en el trabajo tranquilamente porque cada media hora me tengo que levantar al wc. Sin saber que toca.

Las náuseas me dejan la garganta tocada y yo sigo teniendo que hacer llamadas. No hay descanso. No puedo quejarme constantemente en el trabajo de ello.

Apechugo y llamo. Con dolor. Con incertidumbre. Intentando recordar que era lo que estaba haciendo antes del ultimo viaje al wc. Esforzándome por no meter la pata, no trabarme al hablar, dejar a la empresa en buen lugar y conseguir un SI.

¿Cuándo se irá?

Ya me cuesta recordar como era la vida sin miedo continuo. Sin esperar a que me de un “agobio” en cualquier momento y me ponga mala. Porque me pongo mala físicamente. Los síntomas son reales, aunque el origen no sea una enfermedad fisiológica.

Y mientras hago lo que puedo… respirar, centrarme en una idea positiva, contar cosas que hay por la calle, inventarme historias con los nombres de las paradas de metro, imaginar viajes a destinos lejanos…

Pero nada funciona. Va ganando ella. De momento.