Stop a la niñofobia

Ahora el nuevo boom es la niñofobia, como nos gusta el drama.

Todavía no conozco a nadie que vea un niño y se quede sin respiración, le de un ataque de ansiedad o se desmaye. Nadie que no salga de casa no vaya a encontrarse un niño…. Tampoco conozco ni he oído hablar de gente que no ponga la tele (o Netflix) por si acaso se cuela un infante en el encuadre. Y nadie deja de leer libros ni ojear revistas por si sale un mini ser humano de esos.

Las fobias son algo serio, paralizan y te impiden llevar una vida normal. Transforman cualquier tarea cotidiana en un gran sacrificio.

Examen de preferencias:

Voy a hacerte algunas preguntas, no hace falta que me contestes, puedes hacerlo mentalmente para ti.

  • ¿Te gusta pasar frío? ¿que te duelan los dedos cuando quieres escribir un mensaje en pleno invierno?
  • ¿Y pasar mucho calor? ¿Sudar? ¿Llegar a casa y que te hayan cortado el agua?
  • ¿Mantienes conversaciones completas con otros? ¿Sin interrupciones? ¿Te gusta?
  • ¿Te gusta comer tranquilamente y sin prisas? ¿Prefieres comer rápido en cinco minutos?
  • ¿Te gusta sentir manos pegajosas en la cara, pelo y ropa?¿Son más de tu agrado las manos limpias y suaves?
  • ¿Como ves empezar las vacaciones con 3 horas de avión y alguien roncando en el asiento de al lado?
  • ¿Y si se quita los zapatos y le huelen los pies? ¿Y si te tira la bebida encima?
  • ¿Te gusta dormir del tirón? ¿Prefieres que te despierten varias veces? ¿Mejor si es con gritos y golpes?

No te leo la mente pero estoy bastante segura de que podría adivinar las respuestas. Nadie prefiere estar incómodo, tener prisa, que lo manchen, dormir mal por las noches o ser incapaz de tener una conversación de 5 minutos sin interrupciones. Si te dan a elegir las dos opciones, todos preferimos la opción agradable y cómoda.

La gente que adora a los niños, trabaja en una guardería, hace voluntariado con niños y al llegar a casa tiene 6 hijos también prefiere la opción cómoda.

Y es lo más normal.

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Doble rasero de la “niñofobia” vs “adultofilia”.

Voy a poner un par de ejemplos antes de meterme de lleno:

  • Cuando estoy con otras personas de mi edad, si uno hace un aspaviento y tira un refresco la gente alrededor se gira, ve el percal y normalmente no nos dicen nada. Cuando esto ocurre con un niño la gente alrededor se gira y pone mala cara.
  • Tengo un amigo que se ríe muy alto, muchísimo. Cuando cenamos por ahí siempre se ríe y las otras mesas se giran a mirarnos. Nunca nos han echado o nos han llamado la atención (ni otros consumidores ni los responsables del establecimiento). En muchas ocasiones otras mesas se acaban contagiando y se ríen con nosotros. Mucho buen rollo. Comiendo con niños de repente encuentran algo muy gracioso y se echan a llorar de la risa… en ese caso si hemos recibido miradas de desaprobación e incluso gente que ha pedido cambiar de mesa para alejarse.

¿Cuál es la diferencia? Tirar un refresco es inevitable, un accidente, pero el niño lo ha hecho con maldad. A un chico de 1,90 no le miras mal si se ríe pero a un ser de 70 cm si… Un adulto que debería saber comportarse en público y puede controlarse es gracioso y contagia la risa pero unos niños molestan.

Menos “niñofobia” y más respeto.

Estamos viviendo en un momento en el que lo individual se ve como mejor que lo grupal. Es genial que todas esas personas que se ven presionadas por tener una pareja o tener descendencia puedan sacudirse esa presión. Sería aún más genial que las personas que tomamos la decisión de tener pareja o descendencia no presionáramos.

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En la sociedad actual está bien visto quejarse de los niños. De alguna forma los animales domésticos y los niños se han acabado equiparando… no sé si por el tamaño, por que tienen una menor capacidad de comunicar sus deseos o porque viven un poco por “instinto”.

No me gustan los perros, no tengo por qué aguantar a los de otros. Y de esta forma se crean lugares que sean “dogfriendly”. Así la gente a la que le gustan los perros van ahí, sin molestar a los “perrohaters”.

Pretendemos hacer lo mismo con los niños, limitarlos a las zonas “kidfriendly” y “familyfriendly” todo en inglés porque así es más guay y parece más progre.

Y eso no funciona, porque los niños crecen y algún día tendrán que salir de esos lugares. Y cuando lo hagan necesitamos que sepan lo que hay fuera.

Los animales domésticos pueden vivir toda su vida limitados por las zonas “friendly” que no les va a pasar nada. Pero los niños van a salir de esas zonas y de repente no van a saber cómo comportarse. Porque no han visto a nadie hacerlo.

Los niños viven del ejemplo, lo beben y lo respiran.

Menos niñofobia y más soluciones

Lo que mola del drama es opinar y hacer bandos y tirarnos tweets llenos de odio los unos a los otros. Pero yo no quiero educar a mi hijo así… me voy a arremangar y además de mi opinión voy a proponer soluciones (dando ejemplo):

Para empezar, cambiemos el foco, ¿qué nos molesta? ¿los niños como tal? Si subes arriba y vuelves a echar un vistazo a las preguntas, no me refiero a niños en ningún momento pero podemos ver cosas que nos molestan y cosas que no. Los niños no molestan per se, molestan las conductas.

  • Propongo pasar de prohibir la entrada de los niños a prohibir las conductas. Un buen ejemplo, con pobre ejecución es el coche en silencio de Renfe. Me sobra la parte segunda que prohíbe el acceso a los menores de 14 años.

Además de dar un espacio con una limitación de conductas, podemos ofrecer un espacio que permita otras. Igual que en la educación de los niños, si me dices que NO grite, dame una alternativa.

Los establecimientos tienen el poder de preveer las necesidades y las preferencias de sus consumidores. Con hacer un buen estudio de mercado pueden saber qué es lo que está mal y qué es lo que necesitan.

  • Propongo exigir más a los establecimientos, que mejoren sus servicios. Dejemos de pensar en un establecimiento “kidfriendly” y pensemos en un lugar adaptado a todos los consumidores.

Igual que se ponen cambiadores,  accesos para personas con movilidad reducida, menús en otros idiomas, platos para personas con alergias. Todo eso revierte en beneficio del establecimiento: estar abierto a un mayor público, viene más gente, más dinero.

Y si exigimos más a los establecimientos, exijámonos más a nosotros mismos. Cumplamos las normas que se nos imponen para convivir. Es una pena que no podamos seguir el sentido común y que tengan que vigilarnos para que cumplamos las normativas, pero eso podemos dejárselo a la siguiente generación, ahora luchemos por la integración de TODAS las personas en la vida diaria.