Esperar

La incorporación al nuevo trabajo me ha traído sus consecuentes viajes en metro. Tengo casi una hora de ida y otra de vuelta, esto es Madrid señoras, y con ello algo muy típico… esperar.

La vida está llena del verbo esperar.

Cuando somos madres nos damos cuenta de ello desde la búsqueda del embarazo. Primero esperamos al positivo luego que pasen las semanas después que terminen las contracciones y cuando tenemos al peque en brazos empiezan otro tipo de esperas. A que se duerma, que haga caca, que se le pase la fiebre…

No somos conscientes de la cantidad de tiempo que pasamos esperando.

¿Y que haces mientras esperas?

Yo escribo posts como este en el metro, con el móvil.

También pienso, mucho. Pienso en si lo estaré haciendo bien, si he tomado las decisiones adecuadas al haber metido a Loki en la guarde o al haber aceptado este trabajo que me mantiene alejada de él tanto tiempo y pone la mayoría de la presión del cuidado en Natsu. Si estaré alimentando bien al peque mientras no me da la vida para llegar a más.

Pienso en todo lo que me estoy perdiendo y lo que he ganado hago balanza y aún no he podido decidir si me renta o no, si gano o si pierdo. Si todo esto es para bien o para mal.

Esperar un futuro incierto.

Al final entre esperas se van pasando las horas, los días y las semanas y llegamos a ese futuro que nos preocupaba con nuevas preocupaciones por un nuevo futuro, más lejano.

Cómo somos…

Quizás nos gusta esperar. Es una forma de pasar el rato como cualquier otra.

Aunque últimamente he estado pensando que quizás prefiero esperar menos y disfrutar más. Sentir el presente que se me escapa de los dedos.

Mirar a la gente que me acompaña en el metro cada día a ver si reconozco la cara de alguien en mis compañeros de viaje. Mirar menos el móvil.

Escuchar los sonidos peculiares de los viajes en metro y aprender de ellos. Las conversaciones de los extraños. Ponerme menos los auriculares aunque sea sin sonido solo para mitigar el ruido.

Disfrutar de los olores de las panaderías y pastelerías que hay de camino a la oficina. Quizás hasta pararme en la puerta unos segundos para disfrutarlo plenamente. En medio de la contaminación de la ciudad.

Aprenderme las estaciones de metro que visito de memoria. Inventarme una historia con ellas.

Ya ves lo que se puede hacer entre esperas.

¿Y tú que haces en tus esperas?