Ser mamá y opositora

Nunca pensé que sería una mamá opositora, no era algo que estaba en mis planes. Tampoco lo era quedarme en paro, la verdad. Desde el momento en que recibí la noticia y tomé la decisión de desvincularme de la empresa siempre pensé que volvería a encontrar un trabajo en la empresa privada.

Pero eso no ha ocurrido.

Ser madre te da la vuelta a las ideas.

Había tantas cosas que daba por ciertas. Que pensaban que eran de una manera concreta. Como, por ejemplo, que las personas exageraban cuando decían que ser madre te cortaba caminos en tu carrera profesional. Pensaba que las historias de despidos tras embarazos eran anecdóticas. Hasta que me vi de lleno siendo una embarazada y viendo como se hacían realidad las historias que había escuchado.

Mi idea era que Natsu se redujera la jornada y yo seguir “escalando” profesionalmente, porque para mi era muy importante. Y llegado el momento me veía valorando la idea, no sólo de reducir mi jornada si no de coger incluso una excedencia.

Quienes somos antes y después de la llegada de ese ser a nuestras vidas puede suponer un montón de cambios. No necesariamente de 180º, pero si nos ponemos unas gafas nuevas, que nos muestran otras realidades, que nos hacer vivir con otros sentimientos.

Trabajo a tiempo completo.

Tras el despido pensé que tendría más tiempo para estar con Loki, pero no sabía cuanto, ni lo difícil que iba a ser. cuidar de un bebé 24 horas al día es agotador. Y además ser ama de casa, haciendo las tareas en los ratos “libres” que el bebé te deja. Durmiendo como buenamente puedes, que depende de mil factores.

Y la carga mental se multiplica, porque tienes un ser vivo a tu cardo que está en constante evolución y lo que hoy vale mañana no. Desarrollas estrategias para dormirlo, calmarlo o darle de comer y a las dos semanas están obsoletas.

Quizás nos avisan de todo esto, quizás no… no voy a entrar a ese debate. Si puedo decir que a mi me sorprendió todo lo que conllevaba el ser madre. Me pilló desprevenida. Sin las herramientas necesarias para afrontarlo.

Opositar es para valientes.

Antes de ponerme con las oposiciones pensaba que era cuestión de echarle horas de estudio y listo. Que simplemente había que “hincar los codos”. Como he sido buena estudiante en otros momentos de mi vida pensé que sería fácil para mi.

Que equivocada estaba. Como en tantas otras cosas.

Opositar es más que estudiar. Es perseguir un deseo, una idea de un futuro que tienes al alcance de tus manos y a la vez no puedes tocar. Algo que muchos desean pero solo unos pocos consiguen.

¿Los mejores? ¿Quienes más han estudiado? ¿Los que tienen suerte?

Es una combinación de todo. Haber estudiado es la base, una preparación ante los tests también es importante. Un poco de suerte, para que te caigan más preguntas de lo que más sabes. Y para no ponerte de los nervios el día del examen. Tener la calma suficiente para leer bien las preguntas y las respuestas. Concentración para no equivocarse de línea en las respuestas.

Ser madre opositora es duro.

Las horas de estudio escasean. Compatibilizar todo lo que antes ya era difícil manejar con el estudio lo vuelve todo caótico. La organización es vital. Pero si algo sabemos quienes tenemos peques es que hay que estar preparados para todo. Los peques enferman y entonces no puedes estudiar. O mutan el virus y después te lo pegan de forma que ellos con el dalsy estaban dando saltos en el sofa y tu te estás muriendo con todas las drogas puestas. Las visitas al pediatra no se terminan. Ni las lavadoras, las comidas y cenas por preparar, la ropa tendida te sigue esperando allá donde la dejaras.

Cuesta meter un estudio intensivo como el que se requiere para unas oposiciones en una vida con peques.

Quiero ser funcionaria.

Quizás mi motivación no es la más legítima. Quizás también me equivoque en esto. Pero quiero un puesto de trabajo donde pueda quedarme embarazada y no me miren mal. Donde me pueda coger una reducción de jornada o una excedencia sin miedo al despido. Que me permita conciliar.

Todas esas cosas que se suponen posibles en la empresa privada pero que son una mentira que nos han contado.

Y por todo esto estoy estudiando todo lo que puedo, que es menos de lo que debería, menos de lo que necesito para sacar la plaza. Pero lo que la casa, mi cuerpo y mi vida me permite.

Quizás este año no me saque la plaza, pero no dejaré de luchar porque veo ahí mi futuro, y porque de esta forma estoy trabajando activamente por conseguir un futuro mejor para mi familia.