La gran mentira de la conciliación

Si os digo que la famosa conciliación familiar es una de las grandes mentiras de nuestro tiempo, no os estoy diciendo nada que no supierais. Y si os digo que el estrés es el mal del siglo XXI, tampoco os estoy descubriendo nada nuevo.

Pero como soy ingeniera y me gusta medir las cosas, vamos a ponerle numeritos a esas dos afirmaciones para ver hasta qué punto son reales. Vamos allá.

El día a día

Tanto Javi como yo tenemos la suerte de tener trabajos con horario flexible. Podemos ajustar un poco los horarios de entrada y salida. Y jefes con hijos que además son buenas personas y entienden la situación. Pero aún con todo esto, las matemáticas no mienten.

Tenemos que hacer una jornada de 8 horas al día cada uno. A eso hay que sumarle una hora para comer y el desplazamiento hacia y desde el trabajo. Trabajamos a unos 20-25 minutos de la guardería, pongamos media hora por redondear. Eso hace una hora de desplazamientos: 10 horas en total.

Como somos dos, nos hemos organizado de la siguiente manera: yo entro a trabajar más temprano y salgo más pronto para poder recoger a Diego, y Javi lo deja por la mañana y entra a trabajar después a cambio de salir más tarde. En concreto, yo hago de 8 a 17 y él de 9 a 18 aproximadamente.

Pero claro, el horario normal de la guardería es de 9 a 17. Que como veis, hasta que no inventen el teletransporte no encaja con nuestros horarios de trabajo (llamadme egoísta, me gustaría evitar entrar a trabajar a las 7:30 de la mañana, además de que salir a las 16:30 sería un poco complicado). Así que hemos tenido que solicitar una ampliación de horario en la guarde (con el consiguiente coste económico): Diego entra a las 8:30 y yo lo recojo a las 17:30.

Por tanto, mi hijo se pasa 9 horas al día en la guarde.

Puede que alguien se eche las manos a la cabeza. Son muchas horas, es cierto. Existen alternativas pero ninguna nos convence y por eso las hemos descartado.

Por no hablar de que cada casa tiene sus circunstancias: en nuestra escoleta hay niños desde las 7:30 de la mañana (desconozco a qué hora se van). Hay gente trabajando a turnos, con horarios inamovibles, que trabajan a mucha distancia de la guarde… Vamos, tantos casos como familias. Y todos con sus propias complicaciones.

Las vacaciones

Si en el día a día vamos con prisas, intentando cumplir con las obligaciones profesionales y maximizar el tiempo con nuestro hijo y a ser posible, tener algo de vida con amigos y familiares, la fiesta llega con los festivos (nunca mejor dicho).

Pongamos numeritos también:

Empecemos por el verano: nuestra guarde cierra a finales de julio y reabre a principios de septiembre. En total, estamos 26 días laborables sin servicio. A esto hay que añadir que, durante este curso escolar, la guardería ha cerrado 3 días que no eran festivos para nosotros y hemos tenido que pedir vacaciones. En total, 29 días.

Si cada uno tenemos 22 días laborables de vacaciones, es imposible cubrir juntos todos los días que no hay guardería, así que de nuevo tenemos que turnarnos. Si en verano Javi se coge 3 semanas de vacaciones (15 días laborables) y yo otras tres y pico, el resultado es el siguiente: Diego pasa dos semanas con su padre mientras yo trabajo. Después, estamos juntos los 3 una semana y por último Diego se queda conmigo las dos semanas y pico que faltan hasta que la guarde vuelva a estar abierta.

Es decir, que de todo el verano, vamos a pasar en familia la friolera de una semana.

Y el resto de días de vacaciones, pues se quedan para cubrir los días no festivos que la escoleta cierra, los posibles días que se ponga pachucho y no tiremos de abuelos, Navidad, o tal vez intentar hacer algún puente para montar algún plan en familia, a lo loco.

Con suerte, con mucha suerte, podríamos guardarnos a lo mejor uno o dos días cada uno para nosotros de verdad. Para tener vacaciones del mundo y gozar de un pelín de libertad.

Y en el futuro…

Si ahora las cuentas no salen, miedo me da cuando empiece el colegio. Porque en la guarde podemos ampliar el horario (previo pago) y abre durante más tiempo que un colegio. Pero cuando pasemos a la escolarización obligatoria nos lo vamos a pasar pipa.

Creo que los primeros años aún son muy pequeños para extraescolares, pero supongo que habrá oferta que se ajuste a todas las edades. Buscar escuelas de pascua y verano, pedir favores o recurrir a alguien de confianza que pueda ir a recogerlo (quien más quien menos, de jovencitas nos ganamos algunos ahorrillos recogiendo a los hijos de las vecinas y cuidándolos un par de horas al día…)

Tocará buscarse la vida y sobrevivir. Todo el mundo lo hace. Pero que todo el mundo lo haga y sea lo normal no lo convierte en lo correcto. Lo convierte en un problema común, que afecta a todas las familias donde trabajan los dos progenitores y a familias monoparentales.

Al final, todos tenemos nuestras circunstancias y tenemos que lidiar con ellas. Pero los malabares para cumplir con las obligaciones laborales y disfrutar mínimamente de la vida en familia agotan mental y físicamente.

En vuestras casas… ¿cómo lo hacéis? ¿algún consejo?

Clara